lunes, 7 de noviembre de 2011

RESUMEN ANALÍTICO DE ADULTEZ

El período de la adultez aparece descrito en la literatura a partir de las complejas demandas psicosociales a las que se enfrenta el adulto o a los cambios fisiológicos que experimenta, más que desde la perspectiva de sus características psicológicas propias y distintivas de otras etapas del ciclo vital. Se supone que la forma en que el adulto enfrenta los desafíos, los éxitos y los fracasos en respuesta a esas demandas, afectan su sentido de identidad, su salud mental y muchas veces su salud física.

Su desarrollo ha sido concebido como un proceso universal de transformaciones estructurales dirigidas hacia la madurez. Sin embargo, los resultados de las investigaciones muestran que la diversidad interindividual entre adultos es sustantiva y que para esta etapa es muy difícil de determinar una secuencia universal de logros. Ni los adultos ni los adolescentes muestran un progreso interindividual más o menos homogéneo hacia niveles de madurez considerados universales, por lo que podría ser erróneo hablar de desarrollo adulto en el sentido clásico del término y lo correcto sería aplicar el concepto sólo a los cambios universales y genéticamente determinados desde la fecundación.

Las diferencias entre individuos de la misma edad pueden ser más profundas que las diferencias entre individuos en distintas etapas vitales. La existencia de más diferencias que semejanzas interindividuales al interior de cada etapa puede deberse a factores tales como cultura, trayectoria, personalidad individual, factores socioeconómicos, etc. Es en ese instante cuando las diversas diferencias tanto individuales como colectivas  promueven las crisis en la adultez, y como se sabe el término crisis viene de una etimología jurídica griega que designa el momento de la sentencia. Es un momento crucial que marca el destino de la persona. Una crisis es una etapa decisiva en el curso de la vida durante la cual se consolidan rasgos esenciales de la personalidad futura que en parte definirá el destino del individuo. Para los psicólogos, desde el nacimiento hasta terminar la adolescencia y a lo largo de su vida, el ser humano va pasando por sucesivas crisis. En ese sentido, toda crisis es madurativa y su ausencia es patológica. Son momentos normales en el desarrollo, que marcan el paso de una etapa a otra, lo que produce angustia y exige flexibilidad para adaptarse, y Las crisis se caracterizan por la dificultad para separarse de la seguridad y las definiciones en las que se había vivido hasta ese momento y por el temor a insertarse en el proceso de cambio.

Esa edad adulta es la etapa más larga de la vida: más de 40 años, en donde el ciclo de vida se desarrolla en períodos más extensos debido al aumento de expectativas de vida Mientras en la infancia y en menor medida en la adolescencia, la biología es determinante en los cambios, diferente a la edad adulta en que los límites son bastante arbitrarios y difusos. Otra dificultad para determinar límites la constituye el hecho de que el desarrollo de la persona a medida que avanza es cada vez menos homogéneo y puede ocurrir por ejemplo, que habiendo alcanzado determinados niveles de madurez emocional o social, no haya logrado aún autonomía económica, lo que no le permite asumirse como adulto o ser reconocido como tal.

En conclusión, en el período de la adultez, hombres y mujeres suelen tener diferentes fuentes de valoración y autoestima: los hombres continúan valorándose en términos de sus logros profesionales o de trabajo y de su potencia sexual, mientras que la mujer todo proviene más de logros sociales, reincorporación a la vida laboral, continuar la educación que interrumpió en pro de la crianza de los hijos. Su autoestima ahora parece más determinada por su productividad, sentido de realización y menos por éxitos interpersonales y aceptación de los demás. La mujer que encuentra un nuevo rol, y que define su identidad independiente de la familia, se acerca al rol social masculino en términos del concepto de sí misma y de sus fuentes de autoestima. El tener otras fuentes de autoestima cuando las tempranas fuentes empiezan a declinar es importante para su autovaloración